El modelo biopolítico y
la pandemia viral: biopolítica eres tú.
Mucho se han apresurado a tratar de iluminar, expertos o
no tanto, el momento de pandemia actual desde una perspectiva foucaultiana,
esto es, desde un análisis biopolítico.
La insustancialidad de muchos de estos análisis consiste en la utilización de
este modelo como si se tratara de un modelo heurístico por sí mismo, una
herramienta de análisis más que la constatación de un modelo de enfrentarnos a
las cosas. Desde esta perspectiva, la biopolítica queda exonerada en su
aportación más interesante, la de la constatación de un hecho que se ha ido
manifestando históricamente hasta nuestros días. No tiene sentido alguno preguntarse
cuánto de biopolíticas son las medidas gubernamentales para resolver los
problemas de una pandemia como la provocada por el Covid-19, esto ahueca y
disimula el valor de análisis de esta forma de racionalidad gubernamental. Claro que la salud es un factor determinante
en la consideración de la gestión de los gobiernos contemporáneos, claro que las
sociedades neoliberales fomentan la regulación de los cuerpos saludables para
mantener todos aquellos dispositivos que promocionan el consumo y el mercado. Todo
ese análisis, como decimos, desvirtúa el motivo de enjundia sobre el cual
deberíamos reflexionar, que no es otro que el de los objetivos de los regímenes
neoliberales y el modelo de sociedad civil que propone. No se trata de
descubrir cuánto de biopolítica es esta crisis (ya lo es nuestra sociedad absoluta
y globalmente y, está claro que lo seguirá siendo), sino de confrontar al
régimen neoliberal con una alternativa política diferente. El problema que el
modelo biopolítico de la pandemia nos plantea tiene que ver más con los factores
de riesgo que está dispuesta a asumir la mentalidad neoliberal actual, donde aparecen
como indicios mucho más evidente, por ejemplo, la cantidad de cadáveres de
ancianos hacinados en residencias privadas o el discurso de algunos dirigentes
políticos (como en el caso holandés) de si estos merecen realmente su ingreso
en unidades de cuidados intensivos.
No hay nada peor para un buen sistema de análisis que un
éxito desmedido, eso lo desvirtúa y lo suele volver fútil. Como consecuencia de
esa futilidad fetichista asumiremos nuevas medidas –todas ellas biopolíticas,
no se preocupen– dirigidas a mantener el status quo de unas instituciones democráticas
que, ya de por sí, están bastante demacradas. El terror porque se repita una
situación como esta, acompañado de la futilidad de determinadas herramientas de
análisis, nos llevará, probablemente, a la senda de una discusión vertiginosa
pero hueca, dirigida poderosamente a evitar el verdadero problema al que nos
enfrentamos. Los cauces del comercio y el consumo serán restablecidos con
apariencia de normalidad, solo que en este caso, el modelo neoliberal del
capitalismo habrá acumulado nuevas experiencias a su disposición y nos
mantendrá eternamente colonizados en la futilidad insustancial de sus
prácticas.